Hoy le declaro la guerra al chamuyo.
Me prometo ganar.
Dejarlo morir en el campo de batalla.
Hoy lo condeno al destierro si no quiere perder.
Que se vaya lejos. 
Que no vuelva más disfrazado de mensajito sin sentido, que no dice lo que quiere decir.
Que solo quede el revuelto en la panza del de verdad quiero saber cómo estás.
Que solo quede el sincero tenía ganas de charlar.
Que muera la sensación de que todo es levante.
Que muera el verso de que todo es sexo y beso y sexo.
Que sea si es, que arda, que incendie todo, que sea potente.
Y si no es que no sea, que sea birra, charla, risas.
Que sea las dos cosas, que no importe nada.
Y basta basta basta de tener que explicarlo todo.
Destrocemos el chamuyo, la histeria de no querer sentirnos vulnerables a un no.
Y qué si me rechazan.
Y qué si no me gustás, pero todo bien.
Todo bien.
Basta de tanto mambo.
De tanta energía sin rumbo.
Me opongo a seguir pensando en alguien y mandarle un mensaje ridículo, una cadena que nunca hubiese mandado, un uy disculpa me equivoqué, cómo estás.
Me opongo a la idea de fabricar el amor.
Me opongo al mercado selectivo de voy a ir evaluando qué quiero con vos, depende cuántos vistos me clavás.
Escrachemos la conquista.
Basta de no ser lo que somos.
Los vínculos son más que una intención.
Son encuentro.
Son cambios.
Son sensaciones que un día no estaban y otro día crecen.
Los vínculos pueden ser amor y deseo aunque sean muy distintos a todo lo que encaja en los casilleros.
Pueden ser cariño, fuerza, sonrisa, risa, música.
Y todo eso también vale.
También vale querer conocerse.
Querer saber del otrx.
También vale el instante.
También vale la amistad.
Todavía también vale la amistad.
Que el/la otrx no encaje en lo que espero de él/ella.
Que no sea otra cuestión de consumo.
Que sea descubrimiento y respeto.
Y no deshecho.
Que sea animarse y no acostumbrarse.
Que sea libre, que seamos libres.

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